Tiempo de elecciones. Un momento de la vida que, para todo peronista, es mucho más que especial. Toda elección es una especie de gestación, que parece dar a luz el día del comicio. Estamos en campaña. Así que fui a ver al Cro. Montesquieu, en su unidad básica “El Espíritu de las Leyes es de Perón”.

 

 

Cuando llegué estaba en plena mezcla de ferrite, para las pintadas. Compañero, le dije, esto es de antes. Ahora se usan empresas. Disculpame, me contestó, yo también soy de antes. Medio que me sobraba, el Montesquieu este.

 

Este es Montesquieu.

 

A mí me toca militar un barrio difícil, me dice, hay mucho gorilaje. Miró el tacho y paró de revolverlo. Ya estaba. Lo que pasa, sigue, es que “Fernandez – Fernandez” es muy largo. ¿Dónde se consigue una pared así?  Le dije a los pibes que pinten “Fernandez x 2”. Asentí con la cabeza.

Ahí le pregunté sobre los gorilas que abundan en el barrio. Sabes lo qué pasa, me dice mientras se lava las manos, es que los gorilas sacan sus principios de sus prejuicios y no de la naturaleza de las cosas.

 

La visión de Daniel Santoro. Un combate que no cesa.

 

Por cierto, continúa Montesquieu, el método correcto es partir de los hechos para encontrar principios, ya que de eso se trata, y no de principios concebidos antes de conocer los hechos. Ese sendero es el camino más corto para “naturalizar” a las sociedades, y nos lleva directo al prejuicio. Nos acercamos a la mesa donde había una generosa cantidad de empanadas. Y vino.

Le entró a una de carne picante. Entiendo por prejuicios, dice, no lo que se ignora de algunas cosas, sino de lo que se ignora de sí mismo. Así, muchas veces los gorilas son personas de los sectores medios, que quieren parecer de un nivel social superior, aunque sean más semejantes a nosotros, los peronistas. Al no poder tener los mismos ingresos que los ricos, tienen los mismos prejuicios. Se ignoran ellos mismos.

También existe una cuestión extraña, como de envidia, continúa. Creo que Santoro, el artista, define al peronismo como la “democratización del goce”. Tal vez los gorilas estén molestos cuando el pueblo accede a mejores salarios, vacaciones, jubilaciones, educación, salud y demás. Es casi psicológico.

Tanto, que cuando ven a un peronista, a veces le preguntan “Usted es peronista, que cosa extraordinaria, ¿cómo se puede ser peronista?” A mí me gusta contestar que para hacer grandes cosas no es necesario ser tan genial, no hay que estar por encima de los hombres, como hacen los gorilas con su afectada superioridad, sino con los hombres. Y el peronismo es un modo de estar juntos.

Nuestra idea de justicia social sostiene que el amor de la democracia es el amor de la igualdad. Ahora va por una de jamón y queso, le sirvo -y me sirvo- un poco de tinto del pingüino. En esos casos, me dice, cuando respondo, a veces se enojan, y se ponen serios. Esa presumida gravedad es el escudo de los tontos. Claro indicio de prejuicios gorilas que prefieren conservar antes que examinar. Brindamos por la alegría de ser peronistas.

 

Salú!